Una industria farmacéutica sostenible: Un Llamado a la Responsabilidad Ambiental y de Salud pública
Aquí se plantea una reflexión crítica y fundamentada sobre la importancia de alcanzar una sostenibilidad en la industria farmacéutica, centrada en el impacto de los residuos de medicamentos y de los principios farmacológicamente activos (APIs) en los ecosistemas y la salud pública. Desde una perspectiva química y sistémica, debemos conocer que los fármacos, lejos de “desaparecer” tras su uso, ingresan a los ciclos de la vida y pueden generar efectos ecológicos y epidemiológicos severos —como la pérdida de servicios ecosistémicos, la disrupción de cadenas tróficas y el agravamiento de la resistencia antimicrobiana—, evidenciando que la eficacia terapéutica no puede seguir desligada de su destino ambiental.
Una industria farmacéutica sostenible: Un Llamado a la Responsabilidad Ambiental y de Salud pública
Como químico con experiencia en el sector farmacéutico, me preocupa el impacto ambiental y sanitario que puede estar asociado al residuo de medicamentos y al manejo inadecuado de fármacos vencidos o sobrantes tras la finalización de un tratamiento. Este fenómeno, ampliamente subestimado, constituye uno de los problemas ambientales emergentes más relevantes de nuestra época. Desde una perspectiva química, el residuo farmacéutico representa una auténtica bomba de tiempo ecológica cuyos efectos no solo se manifestarán en las generaciones futuras, sino que ya comienzan a evidenciarse en los ecosistemas y en la salud pública actual.
Resulta incuestionable que uno de los avances fundamentales que ha permitido el desarrollo de la sociedad moderna ha sido el descubrimiento y la producción de medicamentos, inicialmente de origen natural y, posteriormente, de naturaleza sintética y biotecnológica. En la actualidad, entre el 61 y el 66 % del mercado farmacéutico mundial corresponde a ingredientes farmacológicamente activos (APIs) de origen sintético, cerca del 29 % a derivados semisintéticos y el porcentaje restante a productos de origen natural sin modificaciones químicas.1 La industria farmacéutica, pilar del progreso científico y tecnológico contemporáneo, constituye un mercado que supera los 530 mil millones de dólares anuales y continúa en expansión. Como toda actividad industrial, su sostenibilidad futura depende en gran medida de una gestión responsable de sus residuos; no obstante, en el caso farmacéutico, este desafío trasciende la mera continuidad económica de la industria, dado que sus productos se dispersan globalmente y son percibidos como intrínsecamente inocuos por el usuario final, quien en la mayoría de los casos carece del conocimiento y las herramientas necesarias para una disposición adecuada de los medicamentos vencidos o sobrantes.
Los residuos farmacéuticos son productos farmacéuticos que han caducado, ya no se necesitan, o están contaminados, en los que se incluyen los artículos y materiales de empaque que han estado en contacto con estos productos o los contienen. Recordemos que un medicamento es una sustancia o combinación de estas, que posee propiedades para el tratamiento o prevención de enfermedades, y cuando un medicamento vence, no simplemente "deja de funcionar", ni tampoco significa que es inocuo, por el contrario, el principio activo y los excipientes aún no degradados pueden ser muy peligrosos para el ambiente, e incluso los productos de degradación pueden ser más peligrosos que los compuestos originales. Estos peligros impactan indirectamente a las sociedades humanas en diferentes ámbitos que van desde problemas de salud pública por proliferación de enfermedades, resistencia bacteriana a antibióticos y corte en el suministro de alimentos etc. También dentro de estos residuos farmacéuticos se contemplan los que son excretados por el cuerpo después del paso del medicamento por el metabolismo durante el tratamiento, que incluyen los diferentes metabolitos generados, además del principio activo que no alcanzó a transformarse.

Para darnos cuenta del peligro que representa para los ecosistemas los residuos farmacéuticos, además del impacto en la salud pública, analicemos un caso muy conocido que ocurrió en el sur de Asia. En la década de 1990, en la India, Pakistán y Nepal, se introdujo masivamente el diclofenaco, un antiinflamatorio no esteroideo (AINE) de uso común en humanos, para tratar el dolor y la inflamación en animales. Este medicamento es una sustancia altamente tóxica para los buitres, provocándoles la muerte por insuficiencia renal aguda, lo que condujo al desplome de su población en más de un 95%.2,3
Como nos enseña la biología, los ecosistemas terrestres funcionan como una red intrincada donde la materia y la energía fluyen en ciclos continuos, creando un delicado equilibrio que sostiene la vida. Este es un ejemplo dramático de cómo la ruptura de un solo eslabón en estos ciclos puede desencadenar en un colapso en cadena. Este antiinflamatorio “no dejó de funcionar”, sino que ingresó en el ciclo de la materia al permanecer en los cadáveres de los animales tratados. Al exterminar casi por completo a estas aves carroñeras como consecuencia de cumplir su papel biológico, se interrumpió un servicio ecosistémico crucial, la rápida eliminación de la materia orgánica en descomposición. Esta ruptura en el ciclo generó un desequilibrio que permitió la proliferación de otros consumidores, como los perros callejeros, alterando las dinámicas de poblaciones y propagando enfermedades como la rabia, que desencadenó en una crisis sanitaria. Se estima que la desaparición de los buitres causó alrededor de 100,000 muertes humanas adicionales al año en la India debido a la crisis sanitaria subsiguiente, con costos económicos asociados de más de 69,000 millones de dólares anuales, demostrando que cualquier intervención, por específica que parezca, reverbera a través de todos los ciclos que conectan la vida en un ecosistema.2
Otro ejemplo corresponde a la resistencia a los antibióticos, el cual es uno de los grandes problemas que afronta la humanidad actualmente, y que es considerado como una de las 10 amenazas a la salud global de acuerdo con el Foro Económico Mundial.4 Desde su descubrimiento, los antibióticos han sido administrados tanto a humanos como animales en una larga escala para el tratamiento de infecciones. Los residuos de estas sustancias han demostrado una amplia persistencia ambiental con un impacto ecológico aún bajo estudio. Sin embargo, en sus mayores reservorios como aguas de tratamiento municipal, pozos de agua subterránea y suelos, se ha demostrado un aumento de genes con resistencia a antibióticos lo que se atribuye a la presencia de microorganismos que desarrollan resistencia al mecanismo biológico de acción de estas medicinas. Además, como si no fuera poco, se ha demostrado que algunos de los productos de degradación de estos antibióticos poseen una mayor toxicidad hepática que el fármaco original.5 De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS) de Colombia, dos de cada cinco muertes por infecciones en Latinoamérica en 2019 (141 mil de 569 mil muertes), se asocian a la resistencia a antibióticos.6

Abordaje desde la mitigación del riesgo: Situación en Colombia
La industria farmacéutica colombiana está dirigida en su gran parte hacia la producción de genéricos, con plantas que se concentran en la parte central y suroccidental del país. Si analizamos en qué parte estamos en una hoja de ruta lógica que permita mitigar el impacto ambiental haciendo una industria sostenible, las acciones del país estarían estructuradas hacia mitigar el riesgo por la inadecuada disposición de los residuos farmacéuticos. Siguiendo esa vía, en 2009 se expidió la resolución 0371, “Por la cual se establecen los elementos que deben ser considerados en los Planes de Gestión de Devolución de Productos Posconsumo de Fármacos o Medicamentos Vencidos”, en donde con gran acierto se clasifica los medicamentos vencidos o sobrantes como residuos peligrosos con un alto impacto ecológico, y desde la cual como estrategia se derivan la creación de los 2314 “puntos azules” para la disposición de medicamentos vencidos por parte de los usuarios finales, que se extienden por 30 departamentos y más de 200 municipios. De acuerdo con la ANLA, en 2023 se validó la disposición final de ~219 toneladas de medicamentos vencidos en Colombia.7
Sin embargo, la resolución es una norma de procedimiento, no una guía técnica sobre los residuos. No establece criterios para clasificar los residuos más allá de su vencimiento. No se mencionan las propiedades fisicoquímicas (persistencia, lipofilia, movilidad) que hacen que ciertos fármacos sean un riesgo incluso en bajas concentraciones. Una gestión realmente avanzada debería implicar una caracterización química del residuo para determinar la mejor tecnología de tratamiento o disposición. Aunque es cierto que no existe una norma única en Colombia que reúna todos los parámetros fisicoquímicos para la gestión de medicamentos en el ambiente, sí existe una regulación fragmentada en diferentes normas que abordan aspectos específicos como vertimientos, calidad de agua y residuos peligrosos, que pueden servir como base para la adopción de listas de vigilancia e incorporación de nuevos criterios fisicoquímicos en la evaluación ambiental, que en últimas reforzarán a la resolución 0371.

De igual forma se debe avanzar en la publicidad de los puntos azules de manera que se puedan cumplir las metas de recolección propuestas en la resolución 0371, que establece que a partir del segundo año se debía tener un cubrimiento del 10% de la población, el cual se incrementaría en 10% hasta alcanzar al menos el 70% de la población en los siguientes años. Sin embargo, un estudio de 2014 (aproximadamente de cuatro a cinco años después de entrada en vigor de la resolución 0371) realizado en Bogotá D.C. en el que se evalúa el avance en la implementación de la resolución, muestra un panorama no muy alentador.8 Con un tamaño muestral de 283 personas que cumplían los criterios de inclusión del estudio, se evidenció que tan solo el 14% de los encuestados depositaba sus medicamentos vencidos en los puntos azules, el 26% los desechaba por el drenaje y el 60% los depositaba en la basura. De estos, el 85% de los encuestados tenía un total desconocimiento de los puntos azules, lo cual demuestra una desarticulación y falencias en la publicidad por parte de los actores del sistema encargados de esto, es decir, los comercializadores y distribuidores de medicamentos. Esta desarticulación fue demostrada por el estudio, al mostrar que el 48% de los comercializadores y distribuidores (muestra total = 60) no tenían un sistema de comunicación, divulgación o publicidad para informar al usuario final sobre los riesgos para la salud e impacto ambiental de los medicamento vencidos, y el 93% de los comercializadores encuestados (muestra = 40) no tenían un sistema de comunicación, divulgación o publicidad dirigidos al usuario sobre el mecanismo para la devolución de estos medicamentos.
Entonces, resulta evidente que el problema de los residuos de medicamentos no es un fenómeno colateral ni accidental, sino una consecuencia directa de decisiones de diseño, producción, prescripción y gestión que históricamente han priorizado la eficacia terapéutica sin incorporar de manera sistemática la dimensión ambiental. La química, que ha sido la disciplina fundacional del progreso farmacéutico moderno, debe asumir ahora un rol igualmente protagónico en encontrar soluciones.
Con base a lo mencionado hasta aquí, es clave resaltar que las soluciones para mitigar el impacto ambiental de los residuos farmacéuticos no se limitan exclusivamente al diseño de nuevos fármacos más seguros y biodegradables, sino que deben extenderse a la investigación de puntos de contaminación por residuos farmacéuticos y el desarrollo de nuevos procesos integrados a los sistemas de tratamiento de agua para el tratamiento de estos residuos eficientemente. Esto, considerando el abordaje de mitigación adoptado por Colombia, sería una hoja de ruta eficiente para enfrentar el problema. En este sentido, otra vez la química juega un rol fundamental en el diseño de tecnologías avanzadas —físicas, químicas y biotecnológicas— capaces de remover o transformar eficazmente los ingredientes farmacológicamente activos (APIs) y excipientes persistentes antes de que alcancen los cuerpos de agua o sean reincorporados al consumo humano, cerrando así el ciclo de exposición y reduciendo de manera efectiva el riesgo ambiental y sanitario asociado a estos compuestos.
En el contexto colombiano, los avances regulatorios en la gestión posconsumo son valiosos, pero claramente insuficientes si no se complementan con criterios fisicoquímicos, educación efectiva al usuario y una mayor articulación entre Industria, Academia y Estado. La experiencia demuestra que la mera existencia de infraestructura normativa no garantiza su eficacia si no se acompaña de divulgación, trazabilidad y responsabilidad compartida.
Por tal motivo, la sostenibilidad de la industria farmacéutica no dependerá únicamente de su capacidad de innovar en nuevas moléculas, sino de su disposición de integrar la química ambiental como un eje estratégico de desarrollo. Cada fármaco diseñado sin considerar su destino ambiental es una deuda diferida con los ecosistemas y con la salud pública. Como químicos, contamos con el conocimiento, las herramientas y la capacidad técnica para saldar esa deuda. Lo que se requiere ahora es la voluntad colectiva de asumir que la excelencia científica del futuro será medida no solo por la eficacia clínica, sino también por la responsabilidad ambiental de nuestras moléculas.
Referencias
(1) Newman, D. J.; Cragg, G. M. Natural Products as Sources of New Drugs over the Nearly Four Decades from 01/1981 to 09/2019. J. Nat. Prod. 2020, 83 (3), 770–803. https://doi.org/10.1021/acs.jnatprod.9b01285.
(2) Uppsala Reports - How diclofenac drove vultures to the brink and unleashed a rabies crisis. https://edit.uppsalareports.org/articles/how-diclofenac-drove-vultures-to-the-brink-and-unleashed-a-rabies-crisis/ (accessed 2026-02-20).
(3) Oaks, J. L.; Gilbert, M.; Virani, M. Z.; Watson, R. T.; Meteyer, C. U.; Rideout, B. A.; Shivaprasad, H. L.; Ahmed, S.; Chaudhry, M. J. I.; Arshad, M.; Mahmood, S.; Ali, A.; Khan, A. A. Diclofenac Residues as the Cause of Vulture Population Decline in Pakistan. Nature 2004, 427 (6975), 630–633. https://doi.org/10.1038/nature02317.
(4) Global Risks Report 2024 | World Economic Forum | World Economic Forum. https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2024/ (accessed 2026-02-20).
(5) Zainab, S. M.; Junaid, M.; Xu, N.; Malik, R. N. Antibiotics and Antibiotic Resistant Genes (ARGs) in Groundwater: A Global Review on Dissemination, Sources, Interactions, Environmental and Human Health Risks. Water Res. 2020, 187, 116455. https://doi.org/10.1016/j.watres.2020.116455.
(6) Dos de cada cinco muertes por infecciones en Latinoamérica se relacionan con la resistencia antimicrobiana. https://www.ins.gov.co/Noticias/Paginas/Dos-de-cada-cinco-muertes-por-infecciones-en-Latinoam%C3%A9rica-se-relacionan-con-la-resistencia-antimicrobiana.aspx (accessed 2026-02-20).
(7) La ANLA validó la disposición de aproximadamente 219 toneladas de medicamentos vencidos en Colombia en el 2023. https://www.anla.gov.co/noticias-anla/la-anla-valido-la-disposicion-de-aproximadamente-219-toneladas-de-medicamentos-vencidos-en-colombia-en-el-2023 (accessed 2026-02-20).
(8) Berbesí, L. X. L.; Berbesí, L. X. L.; Galindo, D. C. R.; Galindo, D. C. R.; Méndez, L. D. G. Grado de Cumplimiento y Conocimiento de La Resolución 371 de 2009, Referente al Manejo de Medicamentos Vencidos En La Ciudad de Bogotá, Colombia. Elementos 2014, 4 (4). https://doi.org/10.15765/e.v4i4.518.